La ciberdelincuencia se ha convertido en uno de los mayores riesgos para las empresas. Hoy en día, el ataque más habitual no es un virus complejo, sino algo mucho más sencillo: una transferencia bancaria fraudulenta tras la modificación de un número de cuenta.
Este tipo de fraude afecta especialmente a pequeñas y medianas empresas, que suelen contar con menos recursos de protección que las grandes corporaciones.
En la mayoría de los casos, el origen es:
- Un correo que parece legítimo
- Una llamada creíble
- Un acceso indebido al correo de la empresa o de un proveedor habitual
A partir de ahí, las consecuencias pueden ser muy graves:
- Pérdidas económicas directas
- Secuestro o pérdida de datos
- Interrupción total o parcial del negocio
- Bloqueo de sistemas informáticos
- Filtración de información confidencial
- Daño reputacional frente a clientes y proveedores
Aunque contar con antivirus, firewalls o copias de seguridad es fundamental, estas medidas no siempre evitan el impacto económico y legal cuando el ataque se produce.
Por este motivo, cada vez más empresas contratan un ciberseguro, una póliza diseñada para cubrir las consecuencias de un ciberataque. Este tipo de seguro puede incluir la intervención inmediata de expertos en ciberseguridad, la recuperación de datos y sistemas, la defensa legal y las reclamaciones derivadas del RGPD.
Según datos del INCIBE, más del 60 % de las pymes en España ha sufrido algún intento de ataque informático. En este contexto, el ciberseguro se convierte en una herramienta clave para garantizar la continuidad del negocio y la tranquilidad empresarial.
Valorar esta protección antes de sufrir un incidente puede marcar la diferencia.
